viernes, 2 de octubre de 2026

🕯️ NOCHE 2 · EL PASAJERO DE LAS 23:17


2 de octubre


El tren salió de la estación de Atocha a las 21:48, con destino al norte. Era uno de aquellos convoyes nocturnos que todavía conservaban compartimentos cerrados, cortinas pesadas y una iluminación amarillenta que hacía que los rostros parecieran más cansados de lo que realmente estaban. En el vagón número seis viajaban nueve personas, al menos eso decía el revisor. Entre ellas estaba Clara Montes, una joven maestra que regresaba a su pueblo después de pasar varios meses en Madrid. Había reservado un compartimento para ella sola, pero poco después de abandonar la estación escuchó unos pasos en el pasillo y alguien llamó suavemente a su puerta. Era el revisor, que le pidió el billete, comprobó la fecha y continuó su camino. Clara volvió a cerrar la puerta y se acomodó junto a la ventana. El paisaje nocturno se deslizaba al otro lado del cristal convertido en manchas negras y pequeñas luces lejanas. Sacó un libro del bolso, pero apenas había leído dos páginas cuando el tren comenzó a reducir la velocidad. Miró su reloj.

23:12.

No recordaba ninguna parada prevista a esa hora. El tren continuó avanzando durante unos minutos más hasta detenerse por completo. Clara apartó ligeramente la cortina, pero no había ninguna estación, solo oscuridad y, a lo lejos, una pequeña luz roja que parecía balancearse entre los árboles, entonces, alguien abrió la puerta del compartimento, un hombre estaba de pie en el pasillo. Tendría unos cincuenta años, vestía un abrigo oscuro, llevaba un sombrero antiguo y sostenía una pequeña maleta de cuero. Lo extraño era que parecía completamente empapado, aunque fuera no estaba lloviendo. El hombre miró el asiento frente a Clara.

«¿Está libre?»

Ella dudó unos segundos y finalmente asintió. El hombre entró y cerró la puerta. No dijo nada más...

Durante los siguientes minutos permanecieron en silencio. Clara intentó continuar leyendo, pero no conseguía concentrarse. Había algo extraño en aquel pasajero. No era su ropa ni su aspecto, aunque ambas cosas parecían pertenecer a otra época. Era la sensación de que ya lo había visto antes, finalmente se decidió a hablar:

«¿Va muy lejos?»

El hombre levantó lentamente la mirada.

«Hasta el final.»

Clara sonrió con incomodidad.

«¿La última estación?»

El pasajero negó con la cabeza.

«Después de esa.»

Ella no supo qué responder. El tren volvió a ponerse en marcha y Clara miró su reloj.

23:16.

El hombre también lo miró, su reloj marcaba exactamente la misma hora, faltaba un minuto, el pasajero guardó el reloj en el bolsillo y dijo con absoluta tranquilidad:

«Cuando sean las 23:17, no mire por la ventana.»

Clara pensó que se trataba de una broma.

«¿Por qué?»

El hombre respondió sin levantar la voz:

«Porque algunas personas que miran terminan viendo un tren que no debería estar aquí.»

Clara soltó una pequeña risa nerviosa... el hombre no sonrió.

A las 23:17 todas las luces del vagón se apagaron. Durante unos segundos solo se escuchó el traqueteo de las ruedas sobre las vías. Clara permaneció inmóvil, recordando las palabras del desconocido... "No mires por la ventana".

Entonces escuchó algo. Un sonido metálico, como si otro tren estuviera circulando junto al suyo. El ruido aumentó progresivamente hasta convertirse en un estruendo, Clara no pudo evitarlo, miró... Al otro lado del cristal había otro tren, circulaba exactamente en paralelo al suyo, pero había algo imposible en él. Las ventanas estaban iluminadas y detrás de ellas podían verse pasajeros sentados, inmóviles, mirando hacia el exterior. Todos llevaban ropa antigua. Todos tenían la cabeza vuelta hacia el vagón de Clara, todos parecían estar mirándola...

Clara se apartó de la ventana.

«¿Qué es eso?»

El pasajero no respondió, entonces ella volvió la cabeza hacia él sólo para descubrir que aquel asiento estaba vacío, la puerta del compartimento seguía cerrada, aquel misterioso hombre había desaparecido....

Las luces regresaron y el tren continuaba avanzando con normalidad. Clara abrió la puerta y salió al pasillo. No había nadie. Avanzó hasta el siguiente vagón y encontró al revisor, al que contó lo ocurrido. El hombre la observó con una expresión de desconcierto.

«¿Qué pasajero?»

Clara describió al hombre. El revisor negó lentamente con la cabeza.

«Señorita, ese compartimento estaba vacío cuando subió.»

Clara insistió y le mostró el asiento. El revisor entró. No había maleta, abrigo ni ningún objeto que indicara que otra persona hubiera estado allí, entonces Clara señaló la ventana.

«Había otro tren.»

El revisor palideció. Miró su reloj.

23:21.

Después preguntó:

«¿Ha visto la hora exacta en la que apareció?»

Clara respondió:

«A las 23:17.»

El revisor no dijo nada. Se limitó a cerrar la puerta del compartimento y le pidió que regresara a su asiento. Antes de marcharse, sin embargo, dejó caer una frase casi inaudible:

«No vuelva a mirar si vuelve a pasar.»

El resto del viaje transcurrió sin incidentes. Cuando Clara llegó a su destino ya era de madrugada. Antes de bajar del tren encontró algo debajo del asiento: una pequeña fotografía en blanco y negro, la recogió, mostraba un tren detenido frente a una estación que no reconocía. En el reverso había una fecha:

17 DE OCTUBRE DE 1926

Y debajo, escrito a mano:

23:17

Clara sintió un escalofrío, pero todavía había algo más. En el margen inferior de la fotografía aparecía dibujado un símbolo: un triángulo, dentro del triángulo un círculo y, en el centro, un pequeño punto. El mismo símbolo que Esteban Valcárcel había encontrado en la casa.

Clara guardó la fotografía.

Años después, cuando aquella historia llegó hasta el archivo que estamos reconstruyendo, apareció junto a ella una segunda fotografía. Esta pertenecía al expediente de Valcárcel, era prácticamente idéntica, el mismo tren, la misma estación, la misma fecha y, en una de las ventanas, una silueta mirando hacia el fotógrafo. En el reverso, Valcárcel había escrito:

«El tren no transporta pasajeros.»

Debajo había añadido:

«Transporta recuerdos.»

Y finalmente una última anotación:

«Si vuelve a aparecer, habrá una persona menos en el tren.»

No sabemos quién era el hombre del compartimento. Tampoco sabemos qué tren vio Clara aquella noche. Pero existe un detalle que aparece en ambas fotografías. En el fondo de la estación puede distinguirse un reloj, marca exactamente la misma hora.

23:17.

Debajo del reloj, casi oculto por la oscuridad, aparece una puerta. Una puerta idéntica a las que Valcárcel describió en la casa. Solo que esta vez hay algo escrito sobre ella, cuatro palabras:

LA PRIMERA YA ESTÁ ABIERTA.


🔎 LAS PISTAS DE LA NOCHE 2

La segunda noche añade nuevas piezas al archivo: el tren imposible, el pasajero que parece pertenecer a otra época, la fotografía fechada en 1926, el símbolo triangular y, nuevamente, las 23:17. Pero hay una conexión mucho más inquietante. La casa de la primera noche tenía treinta y una puertas. En la estación de la fotografía también aparece una. Y alguien parece saber que la primera ya ha sido abierta.

¿Cuántas quedan?


🕯️ FIN DE LA NOCHE 2


Archivo de Esteban Valcárcel · Expediente 002 · 1926

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