Samuel Langhorne Clemens, conocido en el mundo entero como Mark Twain, fue un escritor de ingenio corrosivo, humor afilado y talento narrativo desbordante. Sin embargo, bajo la capa de sátira y ternura que impregnan sus obras más famosas —Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn— late también una vena oscura, casi fantasmal, que pocos lectores descubren a primera vista. Y esa vena está profundamente unida a su lugar de nacimiento: Hannibal, Misuri, una ciudad que respira misterio tanto en sus calles como en sus profundidades subterráneas.
Twain y sus encuentros con lo sobrenatural
Twain, pese a su espíritu racional y escéptico, no era ajeno al misterio. En sus cartas y apuntes privados aparecen referencias inquietantes a premoniciones y sueños proféticos. En una ocasión relató cómo soñó con la muerte de su hermano Henry, accidente que efectivamente ocurrió poco después en una explosión de un barco de vapor en el Misisipi. Aquella coincidencia atormentó a Twain toda su vida, haciéndole confesar que había algo en el destino que se burlaba cruelmente de la razón.




