Archivo de Esteban Valcárcel. Octubre de 1926.
Documento recuperado: caja de material sonoro sin catalogar.
Procedencia: desconocida.
Contenido: nueve soportes de grabación, ocho etiquetas numeradas y una advertencia manuscrita.
Estado del expediente: abierto.
La caja apareció tres días después de que Esteban Valcárcel terminara de leer el diario de Mateo Salcedo. Un mensajero la dejó en la portería del edificio a primera hora de la mañana y se marchó antes de que nadie pudiera preguntarle quién la enviaba. Era una caja de madera oscura, estrecha y alargada, con los bordes reforzados por pequeñas piezas de latón. En la tapa habían grabado un símbolo triangular y, debajo, el número 31. No había remitente, dirección ni sello postal. En su interior descansaban nueve carretes de material sonoro, cada uno guardado en una funda individual. Los ocho primeros llevaban etiquetas escritas a máquina, con fechas que abarcaban desde 1908 hasta octubre de 1926. La novena funda estaba vacía. En el fondo de la caja había una hoja doblada en cuatro partes, escrita con una letra que Valcárcel reconoció inmediatamente como la suya. El mensaje era breve: «No reproduzca la novena grabación hasta haber escuchado las ocho anteriores. Si la voz que aparece al final utiliza su nombre, detenga el aparato. Si utiliza su propia voz, no crea lo que diga». Valcárcel dejó la hoja sobre la mesa y examinó las fundas. Las ocho primeras contenían carretes de distintos tamaños y materiales, algunos tan deteriorados que apenas podían manipularse. La novena, en cambio, no tenía soporte alguno. Solo conservaba una pequeña marca circular en el centro, como si alguien hubiera retirado de allí un carrete que nunca había llegado a existir. El investigador consultó sus notas sobre la cinta magnética de la Noche 12. Aquella bobina había llegado a su archivo con una advertencia semejante, y cada reproducción había añadido unos segundos que no estaban presentes en la escucha anterior. La voz había pronunciado el nombre de Esteban, había descrito acontecimientos que todavía no habían sucedido y, finalmente, había anunciado que la tercera grabación ya había comenzado. Valcárcel no había conseguido determinar quién había fabricado la cinta ni cómo se habían incorporado aquellas frases. La tecnología disponible en 1926 tampoco ofrecía una explicación sencilla para aquel soporte concreto, cuya composición y funcionamiento no coincidían con los procedimientos habituales de grabación sonora de la época. Sin embargo, las anomalías del archivo habían dejado de respetar las limitaciones que él consideraba posibles. La caja nueva parecía continuar aquel mismo fenómeno, aunque introducía una diferencia fundamental: no contenía una única voz imposible, sino una secuencia de ocho registros que podían reconstruirse siguiendo las fechas de sus etiquetas. Valcárcel decidió escucharlos en orden y documentar cada reproducción, convencido de que, si existía alguna relación entre ellos, debía quedar registrada antes de que el material sufriera nuevas alteraciones.
Grabación número uno. Fecha indicada: 3 de noviembre de 1908.
El primer carrete contenía ruido ambiental, pasos sobre un suelo de madera y el sonido de una puerta que se cerraba lentamente. Después se escuchaba la voz de un hombre que enumeraba las dependencias de un edificio, comprobaba una cerradura y anotaba que todo permanecía en orden. Valcárcel reconoció las palabras del diario de Mateo Salcedo. La voz coincidía con las descripciones del vigilante y reproducía algunas de sus anotaciones casi literalmente, aunque el registro sonoro incluía detalles que no aparecían en el cuaderno: una campana lejana, el roce de una llave contra una mesa y tres golpes procedentes de una habitación vacía. Al final, cuando el hombre anunciaba que iba a comenzar una nueva ronda, se escuchaba un sonido breve, parecido al de alguien que respiraba junto al aparato. Después llegaba una frase susurrada: «Todavía no ha llegado». Valcárcel repitió el fragmento varias veces. No consiguió identificar quién pronunciaba aquellas palabras ni a qué persona se referían. Anotó la duración, las características del soporte y la hora de reproducción. Cuando terminó, descubrió que la funda de la grabación ya no llevaba la fecha de 1908. En su lugar aparecía una inscripción nueva: «Primera escucha confirmada».



