El tercer expediente apareció dentro de una carpeta de cartón gris, sin fecha y sin ninguna referencia al lugar donde había sido encontrado. A diferencia de los documentos anteriores, aquel expediente no contenía fotografías. Solo había tres hojas mecanografiadas, una pequeña llave oxidada y una anotación manuscrita en el margen:
«No respondas a los golpes.»
La primera hoja estaba firmada por Esteban Valcárcel.
En octubre de 1926, Valcárcel llegó a una antigua pensión situada junto a una carretera secundaria del norte de Castilla. El edificio había sido construido sobre una casa mucho más antigua y llevaba décadas funcionando como alojamiento para viajeros. La propietaria, una mujer llamada Amalia Rivas, aseguraba que desde hacía tres noches alguien llamaba desde una de las paredes del segundo piso. No llamaba a una puerta ni golpeaba una ventana. Los golpes procedían directamente del interior del muro y siempre se repetían de la misma manera: tres golpes secos, separados por unos segundos. La primera noche, Amalia pensó que se trataba de alguna tubería. La segunda creyó escuchar a alguien caminando por el tejado. La tercera llamó a la Guardia Civil, pero nadie encontró nada...
Valcárcel llegó aquella misma tarde. Lo primero que hizo fue examinar la habitación. Era pequeña, con una cama de hierro, un armario y una ventana que daba al patio trasero. La pared donde se producían los golpes parecía completamente normal. La golpeó con los nudillos y comprobó que sonaba maciza. Después consultó los planos antiguos de la pensión. La pared daba directamente al exterior. No había ninguna habitación al otro lado, ni pasillo, ni hueco entre los muros. Nada que pudiera explicar aquellos sonidos. Aquella noche, Valcárcel decidió dormir en la habitación.
A las 22:41 escuchó el primer golpe.
Toc.
Esperó unos segundos.
Toc.
Después llegó el tercero.
Toc.
Valcárcel encendió la lámpara y anotó la hora en su cuaderno. Durante casi una hora permaneció sentado junto a la cama, observando la pared. No volvió a escuchar nada hasta las 23:17. El reloj de bolsillo se detuvo justo en ese instante.


