1 de octubre
La primera anotación del archivo de Esteban Valcárcel no comienza con una aparición. Comienza con una casa y con una frase escrita a lápiz en el margen de una fotografía:
«Las casas no respiran. Esta sí.»
La fotografía estaba fechada el 17 de octubre de 1926. En ella aparecía una construcción de dos plantas, aislada entre árboles desnudos. Las ventanas permanecían oscuras y la puerta principal estaba cerrada. No había ninguna persona alrededor. Sin embargo, al ampliar la imagen se distinguía algo extraño: en una de las ventanas del piso superior aparecía una silueta. Valcárcel había dibujado un círculo alrededor de ella y había escrito debajo:
NO ESTABA ALLÍ CUANDO TOMÉ LA FOTOGRAFÍA.
El investigador llegó a la casa aquella misma tarde. No aparece en sus notas el nombre del propietario ni consta una dirección completa. Solo dejó una referencia: «Camino viejo. Tres kilómetros después de la ermita.»
La encontró al anochecer.
Según su diario, lo primero que le llamó la atención fue el silencio. No era el silencio habitual de una casa abandonada. No había viento entre los árboles, ni insectos, ni siquiera el sonido de sus propios pasos parecía normal. Todo quedaba amortiguado por una especie de quietud que Valcárcel describió como «demasiado completa». La casa tenía una fachada gris, parcialmente cubierta por hiedra, y parecía mucho más grande por dentro de lo que permitía su estructura exterior. Valcárcel entró a las 21:40.
En el recibidor encontró un viejo reloj de pared detenido.
23:17.
Lo anotó en su cuaderno.
Poco después encontró otro reloj en una habitación contigua. También marcaba las 23:17. El tercero estaba en el piso superior.
La misma hora.
Fue entonces cuando escuchó el primer sonido.
Un crujido profundo recorrió la casa. Valcárcel pensó que se trataba de la madera dilatándose por el frío, pero unos segundos después las paredes volvieron a crujir. Esta vez todas a la vez.
Según escribió en su diario:
«Durante unos segundos tuve la impresión absurda de que la casa había tomado aire.»
A las 22:13 comenzó a recorrer las habitaciones. Encontró muebles cubiertos con sábanas, retratos sin nombres y varias puertas cerradas. Una de ellas tenía algo grabado en la madera: un triángulo. Dentro del triángulo había un círculo y, en el centro, un pequeño punto. Valcárcel no sabía todavía qué significaba aquel símbolo, pero lo copió cuidadosamente en su cuaderno antes de continuar. En la segunda planta encontró un dormitorio completamente vacío. Solo había una silla junto a la ventana. Se sentó y permaneció allí durante varios minutos, observando el exterior, hasta que escuchó tres golpes.
Toc. Toc. Toc.
Procedían de la pared que tenía detrás.
Valcárcel se levantó y acercó el oído, pero no escuchó nada. Esperó unos segundos y volvió a oír los tres golpes, esta vez con mayor claridad. Parecían proceder del interior de la pared. Sacó una pequeña navaja y comenzó a retirar parte del yeso. Encontró madera. Después otra capa de yeso y, detrás de ella, otra pared. No había espacio suficiente para que nadie pudiera estar allí, pero alguien volvió a golpear tres veces...
Valcárcel retrocedió.
Y entonces ocurrió algo que, según escribió, le hizo abandonar por primera vez cualquier explicación racional, la pared se movió, muy poco, apenas unos milímetros. Una grieta apareció entre las tablas y por ella entró un aire frío y húmedo que olía a tierra... La casa volvió a respirar.
A las 23:11 decidió marcharse. Guardó sus instrumentos y bajó las escaleras, pero al llegar al pasillo descubrió algo que no había visto al entrar. Había treinta y una puertas, las contó dos veces, treinta y una.
Valcárcel estaba seguro de que al llegar solo había visto siete, todas permanecían cerradas, excepto una. La última. Estaba al fondo del corredor y, detrás de ella, no parecía haber ninguna habitación. Solo oscuridad. Se acercó lentamente. En la madera alguien había escrito una frase:
NO CONTESTES.
Valcárcel miró su reloj.
23:17.
En ese instante escuchó una respiración al otro lado de la puerta. Era lenta, profunda y perfectamente humana. Retrocedió, la respiración cesó, entonces una voz pronunció su nombre, no procedía de detrás de la puerta, parecía haber sonado desde algún lugar del interior de la propia casa.
«Esteban.»
El investigador escribió después:
«No respondí.»
Y debajo añadió:
«La voz volvió a llamarme utilizando la voz de mi madre.»
Salió de la casa a las 23:26 y no volvió a entrar aquella noche. Sin embargo, antes de marcharse tomó una última fotografía desde el camino. La casa aparecía completa. Todas las ventanas estaban oscuras excepto una: la del piso superior, la misma que aparecía en la primera fotografía, Valcárcel reveló el negativo tres días después y entonces descubrió algo más, en el cristal de aquella ventana había aparecido una figura, no estaba mirando hacia el exterior, estaba mirando hacia él, en el reverso de la fotografía escribió:
EXPEDIENTE 001
Y debajo:
«La casa no está encantada.»
Horas después añadió una segunda línea:
«La casa está esperando.»
La última página del documento está rota. Solo se conserva un fragmento en el que aparece dibujado de nuevo el símbolo triangular que Valcárcel había encontrado en la puerta. Debajo aparecen tres anotaciones:
23:17
31
NO ABRIR LA ÚLTIMA.
No sabemos qué significaban aquellos números, todavía no. Pero en el margen inferior de la página alguien escribió, con una tinta diferente:
«Primera noche. Primera puerta.»
Y esa frase no pertenece a la letra de Esteban Valcárcel.
🔎 LAS PRIMERAS PISTAS
La primera noche deja cuatro piezas sobre la mesa: 23:17, la hora que aparece repetida en distintos relojes y documentos; el símbolo triangular, cuyo significado todavía desconocemos; las treinta y una puertas, cuya existencia parece imposible; y, quizá la más inquietante de todas, la voz capaz de imitar a una persona conocida. Pero queda una pregunta que tendrá que acompañarnos durante las próximas noches:
¿Quién escribió la última anotación del expediente?
🕯️ FIN DE LA NOCHE 1
Archivo de Esteban Valcárcel · Expediente 001 · 1926

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