sábado, 3 de octubre de 2026

🕯️ NOCHE 3 · TRES GOLPES EN LA PARED

El tercer expediente apareció dentro de una carpeta de cartón gris, sin fecha y sin ninguna referencia al lugar donde había sido encontrado. A diferencia de los documentos anteriores, aquel expediente no contenía fotografías. Solo había tres hojas mecanografiadas, una pequeña llave oxidada y una anotación manuscrita en el margen:

«No respondas a los golpes.»

La primera hoja estaba firmada por Esteban Valcárcel.

En octubre de 1926, Valcárcel llegó a una antigua pensión situada junto a una carretera secundaria del norte de Castilla. El edificio había sido construido sobre una casa mucho más antigua y llevaba décadas funcionando como alojamiento para viajeros. La propietaria, una mujer llamada Amalia Rivas, aseguraba que desde hacía tres noches alguien llamaba desde una de las paredes del segundo piso. No llamaba a una puerta ni golpeaba una ventana. Los golpes procedían directamente del interior del muro y siempre se repetían de la misma manera: tres golpes secos, separados por unos segundos. La primera noche, Amalia pensó que se trataba de alguna tubería. La segunda creyó escuchar a alguien caminando por el tejado. La tercera llamó a la Guardia Civil, pero nadie encontró nada...

Valcárcel llegó aquella misma tarde. Lo primero que hizo fue examinar la habitación. Era pequeña, con una cama de hierro, un armario y una ventana que daba al patio trasero. La pared donde se producían los golpes parecía completamente normal. La golpeó con los nudillos y comprobó que sonaba maciza. Después consultó los planos antiguos de la pensión. La pared daba directamente al exterior. No había ninguna habitación al otro lado, ni pasillo, ni hueco entre los muros. Nada que pudiera explicar aquellos sonidos. Aquella noche, Valcárcel decidió dormir en la habitación.

A las 22:41 escuchó el primer golpe.

Toc.

Esperó unos segundos.

Toc.

Después llegó el tercero.

Toc.

Valcárcel encendió la lámpara y anotó la hora en su cuaderno. Durante casi una hora permaneció sentado junto a la cama, observando la pared. No volvió a escuchar nada hasta las 23:17. El reloj de bolsillo se detuvo justo en ese instante.

Valcárcel escribió:

«Otra vez las 23:17.»

Entonces escuchó un sonido diferente. No eran golpes, sino un roce lento, como si alguien estuviera arrastrando los dedos por el interior del muro. El sonido descendió desde el techo hasta el suelo y terminó justo al otro lado de donde él se encontraba. Valcárcel se acercó con cautela y apoyó el oído sobre la pared, durante unos segundos no escuchó nada, entonces, de repente, una voz de mujer susurró desde el interior.

«¿Esteban?»

El investigador permaneció inmóvil, la voz volvió a pronunciar su nombre, esta vez más cerca.

«Esteban, abre.»

Valcárcel no respondió. En lugar de hacerlo, tomó el pequeño espejo que llevaba en su equipaje y lo colocó frente a la pared. Durante unos segundos solo pudo ver el reflejo de la habitación. Entonces descubrió algo que no podía estar allí, al fondo del reflejo había una puerta, Valcárcel se giró inmediatamente, no había ninguna puerta, solo la pared desnuda... Volvió a mirar el espejo y la puerta seguía allí y no solo la puerta, alguien estaba de pie frente a ella. Era una figura alta, inmóvil y completamente oscura, como si la silueta hubiera sido recortada contra una luz que no existía. Valcárcel dejó caer el espejo al suelo, cuando volvió a levantarlo, la figura había desaparecido, pero algo había cambiado...

En la pared, justo donde antes no había nada, apareció una pequeña marca. Era un triángulo con un círculo en su interior y un punto en el centro. El mismo símbolo que aparecía en la fotografía del primer expediente y en el documento encontrado después del incidente del tren. Valcárcel dibujó el símbolo en su cuaderno y permaneció varios minutos observándolo.

Debajo escribió:

«No es la puerta lo que importa.»

Después añadió:

«Es quién está intentando que la abras.»

A las 02:13 volvieron a escucharse los tres golpes, esta vez, Valcárcel decidió comprobar si existía algún espacio oculto en la pared. Desplazó el armario y encontró una pequeña grieta vertical en el yeso. Utilizó su navaja para ampliar la abertura y descubrió un hueco estrecho, dentro había una fotografía doblada, era antigua, muy antigua. La imagen mostraba la misma pensión, aunque la fachada presentaba un aspecto diferente. En la parte inferior podía leerse una fecha:

17 DE OCTUBRE DE 1926.

Valcárcel observó la fotografía durante varios segundos hasta que descubrió algo en una de las ventanas del segundo piso, había una persona allí, la misma silueta que había aparecido en la fotografía de la casa del primer expediente, en el reverso de la imagen alguien había escrito:

«Tres golpes para anunciar que ha llegado.»

Valcárcel guardó la fotografía y volvió a mirar la pared. Después escribió una nueva anotación en su cuaderno:

«No está intentando entrar.»

Se detuvo durante unos instantes antes de completar la frase:

«Está intentando que nosotros abramos.»

A la mañana siguiente, Amalia encontró a Valcárcel en el patio. Había pasado el resto de la noche fuera de la habitación. La puerta permanecía cerrada y la pared parecía intacta, pero en el interior habían aparecido tres pequeñas hendiduras, una junto a otra, como si alguien hubiera golpeado el yeso desde dentro, Valcárcel decidió marcharse, antes de subir al coche preguntó a Amalia cuánto tiempo llevaba escuchando aquellos golpes.

«Tres noches», respondió ella.

Valcárcel la miró fijamente.

«¿Y antes de esas tres noches?»

Amalia tardó unos segundos en contestar.

«Nada.»

El investigador recogió su equipaje y se dirigió hacia el coche. Ya estaba cruzando la puerta de la pensión cuando escuchó un sonido procedente del segundo piso.

Toc.

Amalia palideció.

Toc.

Los dos miraron hacia la ventana.

Toc.

Valcárcel no regresó a la habitación, sin embargo, antes de marcharse escribió una última frase en su cuaderno:

«Tres golpes no son una llamada.»

Debajo añadió:

«Son una cuenta atrás.»

Aquel mismo día, Valcárcel incorporó el documento a su archivo. Entre sus papeles apareció una hoja que parecía pertenecer a otro expediente. Solo contenía tres anotaciones:

23:17

31

NO RESPONDER

La última palabra había sido tachada varias veces. Debajo, escrita con una tinta diferente, apareció una frase que no parecía pertenecer a Valcárcel:

«Esta vez respondió alguien al otro lado.»

No había firma, no había fecha y por primera vez, entre los documentos del investigador apareció una advertencia que parecía dirigida a alguien que todavía no había nacido:

«Si encuentras tres golpes, no preguntes quién está ahí.»

Debajo, con la misma tinta desconocida, había una última frase:

«Ya sabe que estás ahí.»


PISTAS DE LA NOCHE 3

Los tres golpes vuelven a aparecer como una señal recurrente, las 23:17 regresan por tercera vez y parecen estar relacionadas con la presencia. El símbolo vuelve a conectar los tres expedientes, la figura aparece nuevamente en una fotografía tomada en 1926. La puerta no existe físicamente, pero aparece reflejada en un espejo. El número 31 vuelve a aparecer junto a una advertencia. Y hay una nueva posibilidad: quizá la presencia no intenta entrar, quizá necesita que alguien le abra. La pregunta que queda abierta es sencilla:

¿Quién respondió al otro lado?

Archivo de Esteban Valcárcel · Expediente 003 · Octubre de 1926

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