Dedicar una vida a Dios puede llevarte a la iluminación... o a cometer los pactos más infernales con tal de probar un poco de esos placeres que se te han prohibido. Durante toda la Edad Media y a pesar del papel represor de la Iglesia con la sexualidad de esta época histórica, las clases dirigentes, reyes, nobles y amplias capas de religiosos, llevaban una vida completamente licenciosa muy alejada a la que ellos imponían al resto de los mortales.
Monjas malvadas
Las leyendas sobre la temática suelen tener especial morbo, al desarrollarse habitualmente en la frontera entre la virtud y el vicio. Comenzamos por México D.F, y su antiguo convento de La Concepción, ubicado en la esquina de Belisario Domínguez y República de Brasil en el Centro Histórico según refieren las fuentes consultadas. Dicho recinto alberga a una huésped un tanto especial, se trata de María Ávila, una monja que acabó como tal sin tener vocación solo por despecho al ser rechazada por aquel al que había decidido entregar su corazón (y su cuerpo). Los testigos refieren que por las noches se logra escuchar un grito desgarrador que dice: “No volvisteeee”, misma frase que María Ávila pronunció antes de ahorcarse en un árbol de durazno, hace ya mucho tiempo, en el siglo XVI. Las víctimas favoritas de esta monja espectral son las personas que se encuentran enamoradas, ya que su condena eterna comenzó cuando ella decidió suicidarse por una desilusión amorosa.


