Los médiums: intermediarios con el más allá
El término médium proviene del latín medium, que significa “intermediario”. Y esa es, precisamente, la esencia de su función: servir de puente entre el plano espiritual y el mundo material.
Un médium asegura poder canalizar mensajes de entidades espirituales, ya sea de difuntos, guías o presencias no humanas. No se limita a sentir la energía de un lugar, sino que establece un diálogo con el más allá, transmitiendo mensajes o dejando que esas presencias se expresen a través de él.
Tipos de médiums
Dentro de la parapsicología y el espiritismo se reconocen varias clases:
De efectos físicos: provocan fenómenos tangibles como golpes, raps o movimientos de objetos.
De incorporación o trance: permiten que un espíritu utilice su cuerpo para hablar o actuar.
Psicógrafos: practican la escritura automática bajo influencia espiritual.
Parlantes: transmiten mensajes verbales.
Videntes: aseguran ver entidades o escenas del más allá.
Auditivos: escuchan voces o sonidos espirituales.
Psicopómpicos: acompañan almas para cruzar al otro plano.
Sanadores: canalizan energías curativas.
Los sensitivos: radares humanos de la energía
Si el médium es un puente, el sensitivo es un receptor. Su capacidad no reside en el contacto directo con espíritus, sino en la percepción de energías, vibraciones y emociones que normalmente pasan inadvertidas.
Funciones principales
El sensitivo actúa como un “radar humano”. Puede detectar presencias, intuir sucesos, percibir auras o sentir alteraciones en un lugar cargado de energía. No establece necesariamente un diálogo con entidades, pero percibe su influencia.
Los especialistas en parapsicología suelen clasificarlos en varias categorías:
Clariaudientes: oyen sonidos o voces que otros no perciben.
Clarividentes: ven imágenes, símbolos o auras.
Clarisentientes: sienten en su cuerpo emociones o energías externas.
Precognitivos: perciben fragmentos de eventos futuros.
Retrognitivos: captan sucesos del pasado de un lugar o persona.
Psicométricos: leen energías a través del contacto con objetos.
Telúricos: sensibles a las corrientes y fuerzas de la tierra.
Empáticos: absorben emociones ajenas como si fueran propias.
Muchos sensitivos relatan experimentar estas percepciones desde la infancia, y suelen verse desbordados en lugares concurridos o cargados de historia.
Diferencias fundamentales
El médium “habla” con el más allá.
El sensitivo “siente” lo que el más allá provoca.
El primero actúa como mensajero o intérprete de entidades; el segundo como detector de fuerzas invisibles. En ocasiones, una misma persona puede reunir ambas facultades, aunque no siempre sucede.
Entre el mito y la investigación






No hay comentarios:
Publicar un comentario